La plaza de los Nuevos Ministerios, paradoja urbana entre cualidades intrínsecas y defectos estructurales —un inmenso aparcamiento a pesar de su posición estratégica en el eje mayor Norte-Sur de Madrid—, se reinterpreta como un palimpsesto urbano donde se superponen y entrelazan múltiples capas de intervención para transformarla en un verdadero centro de atracción metropolitana.
La implantación de la Casa de la Arquitectura viene dictada por las alineaciones históricas del lugar (columnatas, alfombras urbanas, vías ferroviarias), mientras que su trama estructural y de fachada dialoga con las arquerías existentes sin contacto físico, mediante un lenguaje rotundamente contemporáneo. Tres ejes Norte-Sur organizan el proyecto: un jardín interior/galería cubierta por una marquesina, un eje de distribución interna que da servicio a los espacios públicos a través de un patio, y una columnata en la fachada oeste que garantiza la protección solar y permite albergar usos variados. Pensado para perdurar, el edificio se basa en una estructura modular y adaptable, capaz de evolucionar radicalmente con el tiempo: Casa de la Arquitectura hoy, mercado o gran plaza cubierta mañana, ya que es en su condición evolutiva donde reside el verdadero legado de la arquitectura.